[Pregunto a Bernardo sobre mi teoría de Jacob]
Este si es el camino
Este es el camino a menos de que este equivocado pero aun asi este sera el camino por que si no es el camino.....entonces por eso es el camino
jueves 19 de agosto de 2010
Acaso Jacob nos ha engañado con la religión?
[Pregunto a Bernardo sobre mi teoría de Jacob]
Una respuesta para dejar en la memoria
Dios esta limitado a la realidad por limtes computacionales?
viernes 4 de junio de 2010
jueves 27 de mayo de 2010
Seis avisos para aprendices de místicos
Hablar de lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo de lo humano y sus alrededores tiene la ventaja de ser un lenguaje que resultaría familiar a aquellos hombres y mujeres del tiempo de la Biblia que trataban de contar, como podían, algo de lo que había significado para ellos la presencia invasora de Dios en sus vidas, pero que al oír la palabra “místico”, hubieran dicho:
–¿Mande?, poniéndose la mano en el pabellón de la oreja para que se la repitieran otra vez. Porque no sabían filosofía, el pensamiento abstracto les venía grande y no se les daba bien definir ni argumentar de manera sistemática, pero tenían un imaginario poderoso y unos sentidos aguzados por el contacto con la realidad material y concreta de la que nunca recelaron.
Imaginemos algunos de sus avisos y recomendaciones dirigidos a ese “aprendiz de místico” que somos cada uno de nosotros:
• Pégate a la realidad porque, como la tierra que esconde un tesoro, es portadora de la presencia de Dios: le tienes tan cerca como el pan de cada día, como la savia que nutre al sarmiento en la vid, como la sombra del árbol que te cobija. Se pega a ti como el cinturón que se adhiere a tu cintura, está tan próximo como los pasos de un caminante a tu lado, como el hombro del amigo en el que puedes apoyarte para escuchar sus confidencias. Su amor es mejor que el vino, por eso le conocerás mejor tratando de gustarle y saborearle que pensando en él. Puedes escalar el Horeb o el Tabor para buscarle, pero tendrás que aprender a escuchar su Palabra en las plazas o en el taller del alfarero, porque es entre los hijos de los hombres donde prefiere pronunciarla.
• Despierta tus oídos y tus ojos. Su voz puede resonar como el rugido de un león o como el rumor de un silencio tenue. Se te comunica en el centro de ti mismo y también en el florecer de los almendros para recordarte que, lo mismo que no eres tú el responsable de que llegue la primavera, tampoco lo eres de la fecundidad de su Palabra, porque de eso es Él quien se encarga. Si te pregunta: – ¿Qué ves?, no intentes levantar los ojos para contemplarle: mira hacia abajo, hacia los lugares en que la vida de un pobre vale menos que un par de sandalias y no te sorprendas al descubrir cuánto le inquieta que devuelvas a tu hermano antes de la caída de la tarde el manto tomado en prenda porque si no, ¿dónde dormirá y cómo se defenderá del relente de la noche?
• Vive a la vez alerta y tranquilo: no tengas miedo pero mantente vigilante, porque puede presentarse de improviso y llamar a tu puerta en medio de la noche. Si le abres, entrará y cenará contigo; si le dejas, te llevará al desierto para hablarte al corazón o para atraerte violentamente con las correas de su amor. Su palabra te sabrá en los labios dulce como la miel, pero quizá te queme las entrañas como un fuego. Después de encontrarle te irradiará el rostro, pero si te atreves a luchar con él, te dejará cicatrices.
• Cuida tu corazón y escúchale porque su voz te indica los caminos de vuelta a tu casa, a ese centro de ti mismo, donde eres más tú que en lo que haces o piensas. Ahí encuentras lo único necesario: tu Padre, que está escondido y te infunde su Aliento para que todo tu ser se vaya concentrando y haciendo afín con su Hijo. Aprende a estar y a permanecer ahí, a fluir desde su misericordia y apasionarte por su mundo, a respirar el nombre de Jesús como un perfume que se derrama.
• Adéntrate en otra sabiduría, disponte a dejar atrás como un manto viejo, tus propios saberes y certezas. La semilla del Reino crece sin que tú sepas cómo y aunque las cañadas que atraviesas te parezcan oscuras, puedes confiar en que tu pastor sabe a dónde te lleva. Según él, a la ganancia se accede por el extraño camino de la pérdida y es la puerta estrecha la que desemboca en la anchura del gozo. Porque él contempla ya la espiga en el grano de trigo hundido en tierra y escucha el llanto del niño que nace cuando la mujer grita aún por el dolor del parto: deja que te descubra las posibilidades de vida que se esconden allí donde parece que la muerte ha puesto la última firma.
• Acoge tu nombre único: lo tiene tatuado Dios en la palma de su mano y te lo entrega grabado en una piedrecita blanca, como tu modo irrepetible y singular de vivir en comunión de vida con él. Alégrate: estás invitado a participar en el banquete del rey y el lugar a su derecha no está reservado.
jueves 20 de mayo de 2010
LOS DOCE, GRADOS DEL SILENCIO
La vida interior podría consistir en esta sola palabra
¡Silencio! El silencio prepara los santos; él los comienza, los continúa y, los acaba. Dios, que es eterno, no dice más que una sola palabra, que es el Verbo. Del mismo modo, sería deseable que todas nuestras palabras digan Jesús directa o indirectamente. Esta palabra: silencio ¡cuán hermosa es!
1° Hablar poco a las creaturas y mucho a Dios
Este es el primer paso, pero indispensable, en las vías solitarias del silencio. En esta escuela es donde se enseñan los elementos que disponen a la unión divina. Aquí el alma estudia v profundiza esta vírtud, en el espíritu del Evangelio, en el espíritu de la Regla que abrazó, respetando los lugares consagrados las personas, y sobre todo esta lengua en que tan a menudo descansa el Verbo o la Palabra del Padre, el Verbo hecho carne. Silencio al mundo, silencio a las noticias, silencio con las almas más justas: la voz de un Angel turbó a María...
2° Silencio en el trabajo, en los movimientos
Silencio en el porte, silencio de los ojos, de tos oídos, de la voz; silencio de todo el ser exterior, que prepara al alma a pasar a Dios. El alma merece tanto como puede, por estos primeros esfuerzos en escuchar la voz del Señor. ¡Qué bien recompensado es este primer paso!
Dios la llama al desierto, y por eso.; en este segundo estado, el alma aparta todo lo que podría distraerla; se aleja del ruido, y huye sola hacia Aquél que solo es. Allí ella saboreará las primicias de la unión divina y el celo de su Dios. Es el silencio del recogimiento, o el recogimiento en el silencio.
3° Silencio de la imaginación
Esta facultad es la primera en llamar a la puerta cerrada, del jardín del Esposo; con ella vienen las emociones ajenas, las vagas impresiones, las tristezas. Pero en este lugar retirado, el alma dará al Bien Amado pruebas de su amor. Presentará a esta potencia, que no puede ser destruida, las bellezas del cielo, los encantos de su Señor, las escenas del Calvario, las perfecciones de su Dios. Entonces, también ella permanecerá en el silencio, y será la sirvienta silenciosa del Amor divino.
4° Silencio de la memoria
Silencio al pasado... olvido. Hay que saturar esta facultad con el recuerdo de las misericordias de Dios... Es el agradecimiento en el silencio, es el silencio de la acción de gracias.
5° Silencio a las creaturas
¡Oh, miseria de nuestra condición presente! A menudo el alma, atenta a sí misma, se sorprende conversando interiormente con las creaturas, respondiendo en su nombre. ¡Oh, humillación que hizo gemir a los santos! En ese momento esta alma debe retirarse dulcemente a las más íntimas profundidades de este lugar escondido, donde descansa la Majestad inaccesible del Santo de los santos, y donde Jesús, su consolador v su Dios, se descubrirá a ella, le revelará sus secretos, v le hará probar la bienaventuranza futura. Entonces le dará un amargo disgusto para todo lo que no es El, y todo lo que es de la tierra. dejará poco a poco de distraerla.
6° Silencio del corazón
Si la lengua está muda, si los sentidos se encuentran en la calma, si la imaginación, la memoria y las creaturas se callan y hacen silencio, si no alrededor, si al menos en lo íntimo de esta alma de esposa, el corazón hará poco ruido. Silencio de los afectos, de las antipatías, silencio de los deseos en lo que tienen de dema siado ardiente, silencio del celo en lo que tiene de indiscreto; silencio del fervor en lo que tiene de exagerado: silencio hasta en los suspiros... Silencio del amor en lo que tiene de exaltado, no de esa exaltación de que Dios es autor, sino de aquella en que se mezcla la naturaleza. El silencio del amor, es el amor en el silencio...
Es el silencio ante Dios, suma belleza, bondad, perfección... Silencio que no tiene nada de molesto, de forzado; este silencio no daña a la ternura, al vigor de este amor, de modo semejante a como el reconocimiento de las faltas no daña tampoco al silencio de la humildad, ni el batir de las alas de los ángeles de que habla el profeta al silencio de su obediencia, ni el fiat al silencio de Getsemaní, ni el Sanctus eterno al silencio de los serafines...
Un corazón en el silencio es un corazón de virgen, es una melodía para el corazón de Dios. La lámpara se consume sin ruido ante el Sagrario, y el incienso sube en silencio hasta el trono del Salvador: así es el silencio del amor. En los grados precedentes, el silencio era todavía la queja de la tierra; en éste el alma, a causa de su pureza, empieza a aprender la primera nota de este cántico sagrado que es el cántico de los cielos.
7° Silencio de la naturaleza, del amor propio
Silencio a la vista de la propia corrupción, de la propia incapacidad. Silencio del alma que se complace en su bajeza. Silencio a las alabanzas, a la estima. Silencio ante los desprecios, las preferencias, las murmuraciones; es el silencio de la dulzura y de la humildad. Silencio de la naturaleza ante las alegrías o los placeres. La flor se abre en silencio y su perfume alaba en silencio al creador: el alma interior debe hacer lo mismo. Silencio de la naturaleza en la pena o en la contradicción. Silencio en los ayunos, en las vigilias, en las fatigas, en el frío y el calor. Silencio en la salud, en la enfermedad, en la privación de todas las cosas: es el silencio elocuente de la verdadera pobreza y de la penitencia; es el silencio tan amable de la muerte a todo lo creado y humano. Es el silencio del yo humano transformándose en el querer divino. Los estremecimientos de la naturaleza no podrían turbar este silencio, porque está por encima de la naturaleza.
8° Silencio del espíritu
Hacer callar los pensamientos inútiles, los pensamientos agradables y naturales; sólo éstos dañan al silencio del espíritu, y, no el pensamiento en sí mismo, que no puede dejar de existir. ¡Nuestro espíritu quiere la verdad, y nosotros le damos la mentira! ¡Ahora bien, la verdad esencial es Dios! ¡Dios basta a su propia inteligencia divina, y no basta a la pobre inteligencia humana!
Por lo que mira a una contemplación de Dios sostenida, inmediata, no es posible en la debilidad de la carne, a no ser que Dios conceda un puro don de su bondad; pero el silencio en los ejercicios propios del espíritu consiste; en relación a la fe, en contentarse con su luz oscura. Silencio a los razonamientos sutiles que debilitan la voluntad v disecan el amor. Silencio en la intención: pureza, simplicidad; silencio a las búsquedas personales; en la meditación, silencio a la curiosidad; en la oración, silencio a las propias operaciones, que no hacen más que obstaculizar la obra de Dios. Silencio al orgullo que se busca en todo, siempre y en todas partes; que quiere lo bello, el bien, lo sublime; es el silencio de la santa simplicidad; del desprendí-miento total de la rectitud.
Un espíritu que combate contra tales enemigos es semejante a esos ángeles que ven sin cesar la Faz de Dios. Esta es la inteligencia, siempre en el silencio, que Dios eleva hasta sí.
9° Silencio del juicio
Silencio cuanto a las personas, silencio cuanto a las cosas. No juzgar, no dejar ver la propia opinión. No tener opinión a veces, es decir, ceder con simplicidad, si nada se opone a ello por prudencia o por caridad. Es el silencio de la bienaventurada. y santa infancia, es el silencio de los perfectos, el silencio de los ángeles y de los arcángeles, cuando siguen las órdenes de Dios. ¡Es el silencio del Verbo encarnado!
10° Silencio de la voluntad
El silencio a los mandamientos, el silencio a las santas leyes de la regia, no es, por decirlo así, más que el silencio exterior de la propia. Voluntad. El Señor tiene algo que enseñarnos de mas profundo y de más difícil: el silencio del esclavo bajo los golpes de su amo. Pero ¡feliz esclavo, pues el Amo es Dios! Este silencio es el de la víctima sobre el altar, es el silencio del cordero que es despojado de su vellocino, es el silencio en las tinieblas, silencio que impide pedir la luz, al menos la que alegra. Es el silencio en las angustias del corazón, en los dolores del alma.; el silencio de un alma que se vio favorecida por su Dios, y que, sintiéndose rechazada por El; no pronuncia ni siquiera estas palabras: ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? Es el silencio en el abandono, el silencio bajo la severidad de la mirarla de Dios, bajo el peso de su mano divina; el silencio sin otra queja que la del amor. Es el silencio de la crucifixión, es más que el silencio de los mártires, es el silencio de la agonía de Jesucristo. Si, este silencio es su divino silencio, y nada es comparable a su voz, nada resiste a su oración, nada es más digno de Dios que esta clase de alabanza en el dolor, que este fiat en el lagar; que este silencio en el trabajo de la muerte.
Mientras esta voluntad humilde y libre, verdadero holocausto de amor, se destroza v se destruye para la gloria del nombre de Dios, El la transforma en su voluntad divina. Entonces ¿qué falta para su perfección? ¿Qué se requiere todavía para la unión? ¿Qué falta para que Cristo sea acabado en esta alma? Dos cosas: la primera es el último suspiro del ser humano, la segunda es una dulce atención al Bien Amado cuyo beso divino es la inefable recompensa.
11° Silencio consigo mismo
No hablarse interiormente, no escucharse, no quejarse ni consolarse. En una palabra, callarse consigo mismo, olvidarse a si mismo, dejarse solo, completamente solo con Dios; huirse, separarse de sí mismo. Este es el silencio más difícil, y sin embargo es esencial para unirse a Dios tan perfectamente como pueda hacerlo una pobre creatura, que, con la gracia, llega a menudo hasta aquí, pero se detiene en este grado, por que no lo comprende y lo practica menos aún. Es el silencio de la nada. Es más heroico que el silencio de la muerte.
12° Silencio con Dios
Al comienzo Dios decía al alma: "Habla poco a las creaturas y mucho conmigo”. Aquí le dice. "No me hables más”. El silencio con Dios es adherirse a Dios, presentarse y exponerse ante Dios, ofrecerse a El, aniquilarse ante El, adorarlo, amarlo, escucharlo, oírlo, descansar en El. Es el silencio de la eternidad; es la unión del alma con Dios.
lunes 3 de mayo de 2010
Si conoces un matrimonio en Crisis
sábado 13 de marzo de 2010
Jesús salva tu Iglesia que nos hundimos
miércoles 10 de marzo de 2010
Del Islam vendrá el anticristo [1° Parte] - CONFERENCIA CRISTIANA sobre el apocalipsis [ESPAÑOL]
Este vídeo me dejo con dudas y preguntas pero no se si creerle
Video 1
Vídeo 3:
Vídeo 4:
Vídeo 5:
Vídeo 6:
Vídeo 7:
Vídeo 8:
Vídeo 9:
Vídeo 10:
Que opinan ustedes?
jueves 4 de marzo de 2010
Perdón amada Patria Chilena
Copio y pego un texto de un blog llamada Despierta Chile. Sus palabras francamente me impactaron sobremanera, pero refleja perfectamente mezcla entre la profunda tristeza y gran indignación que me embarga en este momento. Léase con altura de miras.
Podrás leer el texto original acá
Por favor patria perdónanos, por haberte denigrado vilmente en el año de tu bicentenario.
Perdón por haber permitido, mientras estábamos absortos en nuestros intereses personales, que como sociedad hayamos llegado a un grado de putrefacción, como el que le hemos mostrado al mundo coetáneamente con el tsunami y terremoto.
Porque el verdadero tsunami que ha arrasado tu suelo patria amada, han sido las hordas de vándalos y hampones que impunemente vejaron en las peores circunstancias a tu pueblo. Y los ineptos que sacaban cuentas políticas en La Moneda para determinar qué harían.
Perdón por habernos convertido en una república, en que a los cobardes les permitimos que se disfracen de prudentes.
Perdón por haber permitido que nos gobernaran la irresponsabilidad e ineptitud, al fiel estilo de esa debacle llamada Transantiago, dejando abandonados a su amarga suerte a millones de compatriotas golpeados por la naturaleza y luego azolados por el lumpen.
El mismo delincuente para el cual se hizo una reforma procesal penal ultra garantista y ultra permisiva, “para cautelar los derechos del detenido”, mientras las víctimas, gente de trabajo, honrada y decente, deben arreglárselas por sus propios medios y vivir encarcelados tras las rejas de sus casas y barrios.
Perdón por haber llegado a tener ministros de tal ineptitud como un canciller que al medio día de la tragedia soberbio declaraba que tú no necesitabas ayuda internacional y que 48 horas después su gobierno clamaba al mundo por el socorro sin fronteras.
Perdón por haber silentes contemplado como la eficiencia y el arrojo histórico de tus FFAA, se cambiaban por las genuflexiones a los políticos de turno, los nunca más y los ademanes versallescos, transformando a algunos de sus órganos en entes incapaces de reaccionar de modo instantáneo, contundente y masivo, en contra de la sorpresa, después de prepararse toda una vida para ser céleres, precisos y eficaces. Porque el socorro al desvalido que llega tarde y a destiempo, es lo mismo que el bombero que arriba cuando la casa está en cenizas.
Sí, muchos doctorados y magister en ciencias sociales, muchas formas corteses y diplomáticas para asistir a comisiones inútiles en el Congreso, muchas ceremonias y desfiles impecables, muchos comunicados de prensa prolijamente redactados para justificar lo injustificable, como en Antuco; pero, pero a la hora de los quiubos, cuando hay que mantener el orden publico a metros de sus oficinas, como ocurrió con los saqueos que empezaron a las 10AM del sábado 27, en las puertas del comando terrestre de Concepción, cuando había que ser asertivo y puntual para alertar de la muerte que avanzaba desde el océano, el resultado fue cero.
Y fue la respuesta al desastre nula, porque las autoridades de La Moneda, partiendo por la mismísima Jefa del Estado, estaban preocupadas de nombrar comisiones de análisis político de la crisis, de “la proyección de su imagen”, de no aparecer ni de lejos con un perfil autoritario que pudiera empañar su “progresismo” hacia el 2014. No obstante que la FACH a las 2 horas del terremoto le informara que todos los aviones estaban listos para despegar a las zonas devastadas.
Porque tú sabes patria amada, que en muchas otras ocasiones cuando te atacó tu naturaleza indómita, como en 1906, 1939, 1960, 1965, 1971 o 1985, con gobiernos de los más distintos signos, jamás uno de tus presidentes titubeó un segundo, permitiendo que la delincuencia masivamente saqueara tus bienes y ultrajara a tus hijos impunemente.
Perdónanos patria por haber formado generaciones de chilenos sin sentido ciudadano, sólo codiciosos consumidores y campeones en drogas y narcóticos. Con las Marías Música transformadas en heroínas, después de lanzarle jarrones de agua a una ministra. Con un país donde nadie es responsable de nada cuando se trata de la ineficiencia y despilfarro de los recursos fiscales. Con niños que ya no respetan a sus profesores ni a sus pares y tampoco a sus padres, pero que al decir del progresismo “son libres y espontáneos en la diversidad”.
Como no quisiéramos patria amada que todos pudiéramos ser uno, pero la lenidad, la desidia, la indolencia gubernamental de las primeras 48 horas cruciales, fue más demoledora que el sismo en si mismo; y callar, mirar para el lado, hacerse los lesos, sería otra afrenta peor en contra de tus hijos.
Perdónanos patria por haber prohijado en nuestras entrañas una prensa insulsa y obsecuente con el poder y los poderosos, lo que hizo posible la progresiva descomposición de nuestros cuerpos sociales, hasta el grado de postración en el que estamos hoy.
Perdónanos patria por haber permitido que los incapaces, que los ineptos, que los aduladores y rastreros, coparan la generalidad de los puestos de mando, estatales y privados, construyendo un país de mitos narcisistas y vacuos. Esos de vencedor jamás vencido, de los jaguares de Latinoamérica y de los campeones de los DDHH, cuando en sus cárceles el hacinamiento alcanza a la brutalidad de tener doce reos encerrados por 22 horas diarias en celdas sin letrinas y de 3×3.
Perdónanos también patria amada, por haber mantenido tanto tiempo un “progresismo” que saqueó tus arcas, mientras gobernaba para que una ínfima minoría acaparara mucho y una mayoría ganara poco, generando el resentimiento entre tus mejores hijos.
Perdónanos patria, por haber sido pusilánimes y cobardes cuando no hicimos lo que correspondía y ese progresismo te cercenaba, con su boba candidez, de 582 kms2 de tu territorio austral.
Perdónanos patria, porque en definitiva, mientras no tengamos el coraje y talento de nuestros antepasados gloriosos, que te hicieron grande y principal, los que hoy vivimos en tu seno seguiremos siendo tu vergüenza.
